Auzi Nazionala

Polemizando sobre la cuestión nacional

El problema nacional ha pasado a ocupar en el presente, nuevamente y sin que perdiera en ningún momento la magnitud que le corresponde, un lugar destacado tanto en el escenario internacional como (que toma una importancia sublime en lo respecta a nuestro interés y actuación) en el marco del Estado español con el firme empuje que ha tomado, en el reciente período, el movimiento en favor del derecho a la autodeterminación de la nación de Catalunya.

Ni que decir tiene que a estas alturas, o al menos así debería ser, la reivindicación de la cuestión nacional y de su “cura” tiene diferentes e incluso antagónicas exigencias resolutivas en la conciencia de clase de la burguesía (y de sus respectivas fracciones) y en la conciencia de clase del proletariado. En una palabra: la burguesía y el proletariado resuelven la cuestión nacional de forma dispar con el proceder de que cada uno de ellos juega sus bazas intentando encajar la cuestión nacional en beneficio de la situación más favorable para cada una de ellas dentro del marco de la lucha de clases, la una para perpetuar el capitalismo y la otra para avanzar en la senda de la revolución socialista. Pero en este caso, no vamos a detenernos a estudiar esta cuestión, ya que creemos que está lo suficientemente expuesto en otros trabajos y que quedan completamente claras y definidas las teorías de las diversas clases de la sociedad respecto a la cuestión nacional.

Por ello, en esta ocasión vamos a centrarnos a tratar la cuestión nacional en relación a las diferentes tendencias y teorías que inundan a las formaciones y organizaciones “comunistas” y/o “revolucionarias” de Euskal Herria, autoproclamadas algunas como “marxistas-leninistas”. Así pues, vamos a rastrear e intervenir en las disputas de “partido”, con la intención de contribuir y de alcanzar la total victoria teórica-práctica de la concepción revolucionaria del marxismo-leninismo frente a la tendencia y actuación teórica-práctica pequeñoburguesas.

A la hora de realizar este escueto análisis, no hemos sido ajenos, sino que lo hemos tenido muy presente, a las peculiaridades del desarrollo histórico reciente de Euskal Herria y del Estado español, marcado por el golpe de estado del 36, y que acabó malogrando la revolución democrático-burguesa e implantando un poder oligárquico-terrateniente sustentado en el carácter y la dominación fascista. Ni a nuestra propia historia reciente, a la lucha de nuestro pueblo en el camino de la emancipación nacional, tanto mediante la firmeza de los postulados comunistas por medio del liderazgo del partido del proletariado EPK-PCE en el transcurso de la Segunda República siendo parte del Frente Popular, durante la posterior guerra civil y en la primera etapa de la dictadura fascista; y más tarde con el nacimiento del MLNV, con las diferentes ideologías que en ella confluyeron y se desarrollaron hasta adoptar la teoría-práctica del nacionalismo revolucionario. Los Txabi, Argala, Pertur, Jokin Gorostidi, Santi Brouard, Idigoras y tantos otros son historia reciente de nuestro pueblo y de nuestra clase, y, por ello, los tenemos muy presentes. Ni tampoco hemos sido ajenos a la experiencia de los países del resto del mundo, sobre todo de Europa, a sus peculiaridades y a su aportación teórica-práctica en el marxismo; siendo, sobre todo y por encima de todas las experiencias, fiel ejemplo de dicha práctica comunista la victoriosa Revolución Bolchevique.

La revolución socialista… vasca

La “revolución socialista vasca” se ha convertido, ya desde hace años, en un principio inquebrantable para una gran parte del Movimiento Comunista de Euskal Herria y de las numerosas organizaciones revolucionarias vascas. Este lema es santo y seña de la archiconocida consigna de “independencia y socialismo”, eslogan estratégico que incluso nuestra organización reclamaba como suya hasta hace bien poco.

A este respecto vamos a ser francos: estas ideas son el fiel efecto del nacimiento del nacionalismo radical vasco, dadas las condiciones objetivas del pueblo vasco durante el franquismo, que más tarde empapado dialécticamente de ideología de izquierdas se ha fundido en la denominada teoría del nacionalismo revolucionario. Es decir, al preexistente nacionalismo se le sumó el marxismo para integrar dos en uno y crear el nacionalismo revolucionario. Es el efecto de una causa que ha ido gestándose a lo largo de los años, que ha ido madurando dialécticamente hasta desencadenar en la ideología nacionalista pequeñoburguesa vasca, ideología focalizada fielmente por el nacionalismo vasco.

La “revolución socialista vasca” significa precisamente el más exquisitamente revolucionarismo nacionalista, significa el nacionalismo más nocivo, significa la implantación de la revolución socialista de manera divisoria, de manera que acaba engañando, confundiendo y educando al movimiento obrero comunista de Euskal Herria en la enseñanza de la completa división en nacionalidades, en la total aversión a la lucha fraternal y de fusión del proletariado del conjunto del Estado por la victoria de la revolución proletaria. La “revolución socialista vasca” es el origen del aislamiento nacional al que ha impulsado la teoría del nacionalismo revolucionario, teoría que acaba por rechazar la unión del proletariado para dar paso a la unión del sentimiento nacional, de la cultura nacional, de la completa desunión de los movimientos democráticos y proletarios. De esta forma, el nacionalismo acaba por tomar la delantera a la defensa de los intereses de la clase obrera frente al capital. No vale disfrazar ese ropaje “nacionalista” con palabrería “revolucionaria” dando como resultado la ideología del “nacionalismo revolucionario”. La realidad es tozuda (y por encima de todo es revolucionaria) y acaba dando la razón a quienes quieren verla. La “revolución socialista vasca” es consecuencia de la victoria de las posiciones nacionalista-pequeñoburguesas frente a los postulados internacionalista-marxistas. Tan sólo aquellas personas que temen la verdad histórica y rechazan el materialismo histórico pueden negar la desunión y la diferencia tan estrecha que hay entre el nacionalismo pequeñoburgués vasco y el internacionalismo proletario.

No obstante, la victoria pequeñoburguesa en materia nacional solo puede deberse a la debilidad contemporánea del marxismo; el anclaje dogmático del movimiento comunista en sus limitaciones concepcionales, negándose a superarlas, hace que la pequeña burguesía nacionalista plantee soluciones más justas a la problemática nacional que el que plantea gran parte del entramado revisionista del MCEe.

Frente a toda esta fraseología nacionalista como causa del aislamiento nacional, los y las leninistas vascas apelamos de forma firme y consciente por la unidad del proletariado y por la consiguiente victoria de la revolución socialista, porque solamente esa fusión y esa unidad nos llevará a la completa liberación nacional y social de nuestra patria, porque únicamente de esta forma se pueden defender, con hechos y no con palabras, los intereses de la clase obrera y de las clases populares vascas.

Como hemos mencionado antes, nuestra organización también proclamó, hasta hace bien poco, consignas como “Iraultza, Sozialismoa, Independentzia” (“Revolución, Socialismo, Independencia”), que escenificaban las ideas nacionalistas, pequeñoburguesas de izquierda y proclamaban la organización de la ya mencionada “revolución socialista vasca”. Que la desorientación ideológica de la organización en esos momentos era importante es un hecho, desorientación ideológica propia de la ausencia de balance ideológico, que nos llevaba por un camino equivocado, un camino lleno de contradicciones donde pensábamos conscientemente “luchamos por una Euskal Herria socialista” sin darnos cuenta de que “la liberación real no es posible si no es en el mundo real y con medios reales”, donde nuestro mundo real nos muestra un Estado español burgués, reaccionario y de carácter fascista que representa toda la dominación del poder de la oligarquía financiera y de las diferentes burguesías nacionales (acompañadas de la aristocracia obrera en el reparto de la tarta), con el que hay que acabar principal y necesariamente, mientras se adoptan los medios reales y adecuados representados estos en la unidad orgánica internacional del proletariado. He aquí la verdadera concepción materialista de la historia que responde a las crecientes exigencias de la realidad, a la existencia social, a la vida social y desecha la total voluntad de los individuos, sus ilusiones y deseos; en una palabra: desecha por completo el idealismo de los ideólogos burgueses. En resumidísimas cuentas, mientras Euskal Herria pertenezca a los Estados español y francés, debemos partir de la visión materialista de la existencia social y no crear realidades idealistas que nos lleven a posiciones inmateriales e ilusorias, que acaban acarreando tendencias, actitudes y acciones reaccionarias y contrarrevolucionarias, a pesar de utilizar en su terminología pseudomarxista.

Por tanto, esta clase de organizaciones y de tendencias nacionalistas pequeñoburguesas hacen el siguiente ejercicio idealista: la “revolución socialista vasca” se traslada y se abre a todos los rincones del Estado, la “revolución socialista gallega” la catalana, la andaluza, la extremeña, la castellana, la asturiana y así hasta que todas las naciones y regiones del Estado español abracen el aislamiento nacional derivado de las ideas nacionalistas y pequeñoburguesas. No obstante, esta estrategia es imposible que acabe por triunfar, ya que la burguesía no puede jamás ser derrotada si no es mediante la concepción correcta del marxismo que exige nuestro tiempo. Las consecuencias de lo que los nacionalistas “rojos” pretenden serían pésimas para la liberación del proletariado, para los intereses del desarrollo de la humanidad hacia un nuevo régimen de vida, libre de todo privilegio y de toda explotación. La desunión del proletariado es éxito del capital, la unión del proletario su derrumbe forzoso.

Los y las leninistas vascas no negamos en absoluto la “revolución socialista vasca”. ¡Menudo disparate seria ese! Los y las leninistas vascos y vascas abrazamos totalmente la “revolución socialista vasca”, la organizamos, la impulsamos por encima de todo, la educamos, la propulsamos por encima de todos y todas las nacionalistas pseudomarxistas. Es al proletariado a la clase que más le incumbe la victoria de la “revolución socialista vasca”, la conquista de la democracia más consecuente, y es por ello por lo que impulsamos la unión, es por ello por lo que unimos la revolución socialista vasca a todas las revoluciones nacionales y regionales del Estado español, es por ello por lo que una suma dialéctica de todas las revoluciones lleva inevitablemente a una única revolución socialista, a una única pero de la mano de la fuerza de las diferentes clases populares de todos los rincones del Estado, incluida la vasca, ¡y sobre todo la vasca! Por una revolución, por la revolución socialista.

Porque la revolución no se puede entender de otro modo, la revolución proletaria es el resultado de la destrucción del Estado burgués y la creación del Estado-comuna, cimentado este en la dictadura revolucionaria de clase proletaria (revolución que se acaba perpetuando hasta la consumación de la lucha de clases en el comunismo).

“La revolución socialista vasca es parte esencial y un proceso en continuo desarrollo de la revolución socialista estatal. La primera no puede culminarse sin la segunda. La segunda necesita de la primera toda su fuerza para alcanzarse”.

Independencia política, táctica o estrategia

Aquellos movimientos vascos que apuestan y se encierran en la proclama incondicional de la independencia política de Euskal Herria acaban, no pudiendo ser de otra forma, enclaustrándose en una política de “aislamiento nacional”.

El aislamiento nacional de una nación oprimida dentro de un Estado opresor (entendido esto como percepción de la realidad, como la concepción materialista de la existencia social), como es el caso de Euskal Herria, hace referencia a la incomunicación nacional negativa, negativa en el sentido en que se encierra en sí misma estableciéndose una total desconexión entre el proletariado del resto del Estado, acabando por seccionarse por completo el sujeto revolucionario en las diferentes fronteras nacionales. El aislamiento nacional lleva a la desconexión total del proletariado y de la revolución socialista, a su total interrupción.

El efecto de esta postura nacional, no puede ser otra que la apuesta incondicional por la independencia política, es su efecto más objetivo y material, efecto que dialécticamente toma inevitablemente carácter de causa para alcanzar otro efecto, la creación o impulso de un Frente Nacional (acumulación de fuerzas soberanistas) con las diferentes clases sociales independentistas y vasquitas, tomando parte tanto la pequeña burguesía radical, la media y pequeña burguesía moderada y la gran burguesía, dando como resultado una estrategia de Frente Nacional. Causa y efecto que se van entrelazando, el efecto que se deriva de una causa se convierte en causa para derivar a otro efecto.

En esta coyuntura, la pequeña y mediana burguesía son las más tendentes a buscar una solución independentista a su situación político-económica, aferrándose la gran burguesía al poder limitado del que “disfruta” tomando parte dentro del Estado español y que le permite titubear continuamente con formar parte en la corriente independentista, saliendo y entrando cuando le apetece y mareando la perdiz constantemente; y por último, está la clase trabajadora (en su conjunto), que se encuentra a la zaga de toda esta espeluznante situación, impregnada desde fuera de ese independentismo forzado por las organizaciones “obreras”, “revolucionarias” y “comunistas” que no hacen más que disfrazar el nacionalismo con una palabrería “marxista” con la intención de llevar al proletariado a la zaga de las diferentes fracciones de la burguesía.

El carácter del proletariado es siempre internacionalista y de clase y nunca una apuesta incondicional por la independencia política de su nación oprimida. Los intereses y metas de todos y todas las trabajadoras se unen en la destrucción del carácter internacional del capital. Es por ello, por lo que su sepulturero, el proletariado, también debe tomar ese carácter internacionalista. Sin negar en absoluto (es más, este carácter internacionalista no hace más que fortalecerlo) la organización de la revolución socialista en cada Estado y/o nación, debido al gran estímulo que aporta/aportaría una revolución socialista victoriosa a la organización y triunfo de la revolución proletaria mundial.

Para hacerse una idea del cacao mental que suponen estos planteamientos, hemos llegado a escuchar incluso la proposición de copiar el modelo revolucionario chino, desarrollándose una guerra de liberación nacional aliándose con la pequeña burguesía, el campesinado y la burguesía nacional con la posterior etapa de Nueva Democracia en esa victoriosa Euskal Herria independiente. No es que tengamos nada en contra de la teorización de la Nueva Democracia como democracia burguesa de nuevo tipo, pero resulta tremendamente aberrante plantear esto en plena metrópoli imperialista (y más teniendo en cuenta que la burguesía nacional vasca es uno de los pilares del Estado español). Y claro que nuestra organización apuesta por las luchas independentistas, como modelo a seguir, allí donde se ejerce la dominación de tipo colonial y una burguesía nacional interesada en liberarse el yugo imperialista; pero este no es, ni mucho menos, el caso de Euskal Herria.

En definitiva, las alianzas con las diferentes clases sociales se deben dar en la táctica y nunca jamás en la estrategia; de ser así, la renuncia de los principios y objetivos revolucionarios del proletariado sería total e implicaría postergarlos por una subordinación a los intereses de las diferentes fracciones de la burguesía.

Pero es que, además, la lucha por la independencia política implica la división del proletariado vasco en “independentistas incondicionales” y “no independentistas incondicionales”, lo que conlleva a un error garrafal y a un obstáculo enorme en pro de la unidad del proletariado vasco contra su enemigo de clase, ya que como hemos manifestado, el estado material y natural del proletariado no implica la “independencia” y “no independencia” incondicional de su nación oprimida.

Volvemos una vez más a ratificar la concepción materialista de la historia para descubrir las posiciones metodológicas de partida de los enemigos de la teoría y la práctica del marxismo leninismo. Hoy en día, y desde hace décadas, el desarrollo del capitalismo, su tendencia universal, origina la ruptura de las barreras nacionales y multiplica los vínculos de todas las clases entre las naciones; hoy en día, en Euskal Herria se entrelazan nacionalidades de todos los rincones del Estado español y del mundo, de los 5 continentes y de innumerables países del planeta, lo que es una tendencia que se manifiesta con mayor fuerza y constituye uno de los poderosos motores de la transformación del capitalismo en comunismo.

Es por ello por lo que la estrategia por la consecución incondicional de la independencia se convierte inevitablemente en un prejuicio pequeñoburgués y de índole nacionalista en el actual desarrollo económico y social del capitalismo. La inclinación irrefutable de la defensa categórica de la “cultura nacional” es en la amplia mayoría de los casos incompatible con la reclamación y fortificación de la cultura internacionalista del proletariado, cultura internacionalista de todos los explotados y todas las explotadas, de todos los desposeídos y todas las desposeídas. En resumidas cuentas: la defensa a ultranza de la cultura internacionalista del sepulturero y sepulturera consecuente del capitalismo internacional y de las barreras nacionales, los y las liberadoras de la humanidad del yugo del capital.

Los y las leninistas de Euskal Herria lucharemos siempre por el pleno derecho de la nación vasca, contra toda opresión y desigualdad nacional; pero al mismo tiempo abrazaremos los vínculos, la fusión y alianza entre el proletariado vasco y el del resto del Estado, porque es este abiertamente el camino que lleva hacia el poder obrero. Si el proletariado vasco y el del resto del Estado actúan unidos, la libertad de Euskal Herria es posible; sin que se dé esa unión no es posible hablar siquiera de esa libertad.

La postura por la “independencia” no tiene siempre una connotación y actuación revolucionaria, que en algunos casos lo sea no implica que no pueda responder a un acto reaccionario en otros y viceversa, al igual que la “no independencia” no responde a un acto reaccionario en todos los casos, en absoluto, ya que hay casos en los que puede responder a un acto revolucionario. La postura “abstracta” que se tome por la independencia, a favor o en contra, son representaciones que no tienen validez como tales, es la aplicación de una opción u otra en cada caso particular y concreto la que deriva a un acto revolucionario u reaccionario.

“Quien quiera servir al proletariado deberá unir a los obreros de todas las naciones, luchando invariablemente contra el nacionalismo burgués, tanto contra el “propio” como contra el ajeno. Quien defiende la consigna de la cultura nacional no tiene cabida entre los marxistas, su lugar está entre los filisteos nacionalistas”.

De la teoría a la práctica, ¿independencia cuándo?

La coalición independentista EH Bildu, hoy erigida como representante política de la mediana y pequeña burguesía, pretende la independencia para desarrollarse en el plano económico dentro de un ámbito nacional más pequeño y concreto. En una sola palabra: para engordar económicamente, para hacerse más fuerte, ya que una Euskal Herria independiente daría mecanismos a la pequeña burguesía vasca para crecer y engordar dentro, claro y por descontado, de la Europa imperialista. Lo de la realidad cultural y lingüística también tiene su importancia, sobre todo para ayudar a engatusar a las clases populares, pero en realidad, lo material para la burguesía reside en la obtención máxima de plusvalía, mediante la explotación por todos los medios del trabajo asalariado. Es decir, aquellos “comunistas” que pretenden ir de la mano con la mediana y pequeña burguesía vasca (EH Bildu) en la estrategia (hasta el final y a la zaga de ella) de la independencia, pretendiendo después organizar la “revolución socialista vasca”, no hacen más que hacer el trabajo sucio a las fracciones de la burguesía vasca, mandando al desfiladero al proletariado vasco, engañándolo y mintiéndole.

En una supuesta Euskal Herria independiente, la “nueva” burguesía vasca, buscará ayuda y alianzas con las diferentes burguesías europeas, ya sea española, francesa o alemana. Su propósito a corto y largo plazo es la prolongación del sistema capitalista (aunque sea de rostro humano) y la extinción de cualquier levantamiento proletario, el aplastamiento entero de la “revolución socialista vasca”. Por no hablar de que plantean la independencia dejando de lado buena parte del territorio nacional, Nafarroa (además de Iparralde), para que veamos lo que a los nacionalistas les importa verdaderamente “su” patria. Así nos venden la moto de que Nafarroa se incorporaría después a ese Estado burgués vasco, y todo porque los puntos económicos clave se encuentran en Bizkaia y Gipuzkoa.

Las y los leninistas vascos, en cambio, abogamos por la unidad proletaria en pro de la liberación social y nacional (hay que tener presente de que la liberación social materializa las condiciones para suprimir tanto la opresión nacional como otras luchas parciales supeditadas a las de capital-trabajo) de las naciones oprimidas del Estado español. Para ello, tenemos varias justificaciones: justificaciones históricas y materiales. Pero ¿nos cierra completamente los ojos la estrategia de la unidad orgánica del proletariado y de la revolución socialista a la hora de postularnos del lado de la independencia política de Euskal Herria en determinadas ocasiones?

¡Rotundamente no! Los y las leninistas vascas tenemos claro el deber de impulsar y de apoyar las movilizaciones populares y democráticas por el derecho a la libertad política de autodeterminación del pueblo vasco, contra la antidemocrática Constitución y el Poder oligárquico español; pero teniendo constantemente dos cuestiones completamente presentes. Por un lado, que el proletariado no debe ir nunca jamás a la zaga de las intenciones e ilusiones de las diferentes fracciones de la burguesía vasca, que el proletariado debe apoyar toda movilización popular por el derecho a decidir convirtiéndose en la punta de lanza de la movilización, guiándolo, dirigiéndolo y encauzándolo por los objetivos históricos del proletariado, y defendiendo este derecho con las armas en la mano, si así fuera necesario, cuando la burguesía se niegue a reconocerlo (como en el caso de Catalunya). Y por otro lado, que hoy por hoy, partiendo de la existencia social existente, no puede haber libertad política de decisión para la nación vasca, ni para ninguna nación del Estado español, mientras el carácter reaccionario y fascista del Estado continúe vivo, continúe activo. Es por ello por lo que la exigencia del cumplimiento del derecho de autodeterminación de las naciones pasa especialmente por la destrucción del Estado burgués, reaccionario y fascista, y por la instauración de la República proletaria, por el completo triunfo de la democracia obrera.

Asimismo, el proletariado es el único garante incondicional del derecho a la autodeterminación: la libre decisión de la nación beneficia únicamente a nuestra clase, que tiene como objetivo la asimilación mutua de las naciones en pie de igualdad. De forma que siempre que el poder burgués sea ejercido y se oprima a una nación, los y las comunistas debemos llamar a la independencia nacional ante un referéndum de autodeterminación, a fin de acabar con la opresión nacional y abrir contradicciones en el campo imperialista (en este caso, la UE). De igual manera, el proletariado puede sacar partido de la contradicción nacional, siendo quien abandere la defensa del derecho a la autodeterminación, y después de celebrarse, siendo la única clase que clame por la defensa del resultado. Como vemos, ningún sector de la burguesía, ni siquiera el nacionalismo más radical, es capaz de garantizar la independencia nacional de Catalunya después de que la nación catalana optase por esta decisión en el referéndum del 9N. Por el contrario, las variopintas facciones de la burguesía catalana prefieren cocinar la voluntad nacional en el parlamento, donde son dueños y señores manipulando la libre elección de la ciudadanía catalana (sea cual sea su clase).

El derecho a la autodeterminación significa la libre decisión de la nación minoritaria de unirse o separarse de la mayoritaria, con los equivalentes derechos de propaganda para ambas opciones. Ello ha de ser llevado a cabo de la forma más progresista posible ante un problema democrático-burgués: el referéndum. En el referéndum, el voto de las masas es directo, sin que se elija a ningún cacique que lleve la legítima decisión del pueblo a su terreno, al parlamentarismo (como lamentablemente ha pasado en Catalunya). Esto puede darse, o bien en la democracia burguesa (donde sería su resolución natural) o ya en la dictadura proletaria, donde existe la garantía explicita de este derecho. Naturalmente, los comunistas llamaríamos a la separación en el primero de los casos (siempre que la victoria de la revolución socialista y la emancipación del proletariado a nivel estatal no sea ninguna realidad) y la unión en el segundo (unión que implica y promueve la plena liberación de cada nación en plena igualdad con el resto de pueblos). En ambos casos, como decimos, es el proletariado el único garante de libre decisión de la nación; en el segundo caso, obviamente, por encontrarse en el poder y por ser la única clase realmente interesada en poner fin a la opresión nacional. Es más, si el proletariado revolucionario cuenta con el Partido Comunista constituido, puede incluso resolver la contradicción nacional por la vía revolucionaria, garantizando la decisión de la nación. Por ejemplo, ante el 9N, el PC hubiera podido actuar como garante de la independencia nacional decidida por el pueblo catalán comenzando la guerra revolucionaria en este territorio, aprovechando la gran conciencia nacional presente en esa situación. Ello se hubiera resuelto con el establecimiento de una república socialista catalana, cumpliendo así con la defensa del derecho a la autodeterminación ejercido previamente e incumplido por la burguesía, y convirtiéndose esta (la República Socialista Catalana) en ejemplo estimulante de la lucha del resto del proletariado del Estado contra el Poder burgués superviviente del Estado español.

A la vez que llamaríamos a la separación y seríamos garantes de ella cuando el pueblo así lo decida, debemos llamar a la unidad de la clase, al internacionalismo proletario. Es decir, mientras la burguesía se encuentre unida en el marco del Estado para oprimir a nuestra clase, el proletariado debe unirse para golpear al enemigo. Nuestra unión ante su unión. No obstante, desde nuestra organización no consentiremos, como ha sucedido ante el 9N, que en nombre de la unidad proletaria se legitime la opresión nacional y se llame a mantenerla cuando puede ser resuelta. Las y los comunistas debemos denunciar a quienes en nombre de la unidad de clase hacen el juego a la burguesía imperialista y hacen suyas sus proclamas. Lo que estos españolistas suelen argumentar para esa farisaica unión es que el proceso independentista tiene un carácter burgués, y que pondrá al proletariado de la nación oprimida bajo el yugo de la burguesía. Nada que ver, cómo no, con el paradisíaco Estado español en el que el proletariado, apoyado en su firme PC, tiene la revolución a la vuelta de la esquina (nótese la ironía).

Así pues, teniendo presentes estas dos importantísimas y fundamentales cuestiones, las y los leninistas vascos tenemos el completo deber de impulsar la independencia política en las situaciones en las que esta sea un acto revolucionario para las clases populares de Euskal Herria y afecte al debilitamiento del Poder oligárquico y reaccionario español, a la vez que suponga el fin de la opresión nacional de nuestra patria. Resumiendo: en un acontecimiento similar al del 9N en Catalunya, las y los leninistas vascos reivindicaríamos el “Sí/Sí” como actitud consciente y revolucionaria contra los poderosos caducos y reaccionarios españoles y por la libertad política de Euskal Herria.

Nación y Estado

Respecto a la “nación y estado” entendemos que existen varios movimientos y organizaciones que confunden estos conceptos de manera idealista. En muchos casos, el sueño de la realización de la “revolución socialista vasca” hace referencia a que no diferencian, o mejor dicho, no quieren diferenciar los conceptos de nación y estado; aunque a primera vista tengan unas diferencias (o una gran diferencia) palpables.

Que Euskal Herria responde a las características de nación es algo incuestionable y que no vamos a entrar a corroborar en este artículo, pero que la nación no tiene las similitudes del Estado es algo claro y material. Cuando se reivindica la “revolución socialista vasca” no está claro qué es lo que se pretende reclamar, aunque vamos a intentar examinarlo y averiguarlo de la manera más razonable posible.

Dicha “revolución socialista vasca” puede proponerse la total destrucción del Estado burgués que está implantado en Madrid (entendido esto de manera dialéctica) o solo la parte del Estado que oprime nacionalmente a Euskal Herria para que con su destrucción, o, mejor dicho, con su debilitamiento, el Estado central entregue el derecho de autodeterminación al pueblo vasco. Tras la declaración de la independencia política de Euskal Herria, el proletariado vasco ya erigido como clase nacional y oprimido comenzará a organizar la revolución socialista frente a los intereses antagónicos de la burguesía vasca (incluida la mediana y pequeña burguesía que hoy en día abandera la luchado por la independencia política), que indudablemente solicitará ayuda y auxilio no solo al Estado español, sino a los países imperialistas para ahogar la inminente “revolución socialista vasca”. Como el/la lector/a se habrá dado cuenta, el análisis de la “revolución socialista vasca” es todo un galimatías antimarxista, una completa terquedad idealista.

La confusión entre nación y Estado lleva a algunas organizaciones a confundir la liberación nacional con el nacionalismo, a ponerlas en la misma balanza y a darles un mismo significado.

La revolución socialista es la acción en base a la destrucción del poder de la clase dominante, del Estado burgués español en este caso, que representa la unidad de poder de todas las clases reaccionarias del Estado: las feudales, las burguesías nacionales, la oligarquía financiera española, los intereses imperialistas, etc. Es por ello, por lo que solo el completo derrumbamiento del Estado burgués acabará de una vez por todas con el poder de la clase dominante y liberará a los explotados y explotadas y a los pueblos oprimidos del Estado. La expropiación de la burguesía es la destrucción del antiguo Estado burgués, su desaparición total.

La “revolución socialista vasca” es un sueño idealista que se ha ido creando mediante la aplicación metafísica de la teoría del nacionalismo revolucionario, y que no puede llevarse a término por su esencia antidialéctica, porque no puede haber revolución socialista sin el derrocamiento del Poder burgués español (y francés), porque es chocar continuamente con los mismos errores, porque responde a la desunión del proletariado y al acercamiento inevitable con la burguesía nacional, porque crea una frontera con nuestros hermanos y hermanas de clase del resto del Estado, porque no acerca al proletariado vasco al triunfo de la revolución socialista, porque la hunde en el pozo del nacionalismo.

Nacionalismo español y nacionalismo vasco

Hemos llegado a tal situación que los debates que se dan en Euskal Herria en torno a la cuestión nacional y de cómo solventarlo se han convertido en debates, en muchos casos, estériles. La burguesía nos lleva ganando este pulso desde hace tiempo, centrándose todo el debate entre la defensa del nacionalismo vasco y el nacionalismo español, ambos rechazables, ambos antimarxistas.

El nacionalismo español es el más reaccionario de los nacionalismos, el más recusable; es el nacionalismo de la oligarquía financiera española, nacionalismo que no solo “hace el juego” a la actual reacción burguesa española, a su fortaleza y subsistencia actual; sino, y esto tiene una gran importancia, ha servido a toda la historia ultrarreaccionaria de las clases opresoras españolas, a todas las etapas reaccionarias y retrasadas de la historia golpista, fascista y reaccionaria española, a todas sus opresiones históricas, a toda la atrocidad y ensañamiento con las clases populares y las naciones oprimidas de todos los rincones del Estado.

Pero, como leninistas vascos, no podemos resignarnos en esta crítica. Tenemos la firme obligación de censurar el nacionalismo vasco, tenemos el deber de enseñar la verdadera cara del nacionalismo vasco, el deber de enmascararla de una vez por todas. El nacionalismo vasco, como todo nacionalismo, hace constantemente el juego a la burguesía, tanto a la nacional como a la estatal. La aversión del nacionalismo vasco hacia todo lo que suena a España es continua, como si el obrero “español” fuera responsable de la opresión nacional que sufre Euskal Herria, como si la explotada “española” fuera culpable de las políticas opresoras del Estado burgués. Quien oprime a la nación de Euskal Herria es la oligarquía dominante y no el pueblo trabajador español.

El pueblo trabajador español está impregnado de nacionalismo reaccionario español del mismo modo que lo está el pueblo trabajador vasco de nacionalismo vasco. Todo esto ocurre por la acción de programas nacionales “positivos” que proclama la burguesía, por la acción de la falsedad burguesa, expresión histórica de instrumento de engaño de las clases populares por parte de la burguesía, tanto vasca como española. Recordando que, por si hubiera algún despistado, a pesar de que el nacionalismo español es infinitamente más reaccionario que el vasco, los dos dificultan, cada uno en su determinado grado, la autoconsciencia de la clase obrera y la acción revolucionaria del proletariado. Es más, ambos nacionalismos se alimentan mutuamente, siendo el nacionalismo vasco la contestación burguesa al nacionalismo opresor español.

Es por ello, por lo que a pesar de defender y aplaudir, en su justa medida, la lucha nacionalista-revolucionaria e histórica del MLNV, creemos que la estrategia tomada ha sido en gran medida errónea y que debe ser superada de una vez por todas, como decimos más arriba. La lucha por la liberación nacional de carácter colonial no es una estrategia adecuada para la actual (y no tan actual) situación de las naciones oprimidas en el enclave imperialista que integra el Estado español, ya que la grandes burguesías nacionales no toman interpretación de colaboración, ni tan siquiera en muchas ocasiones táctica, con el proletariado y las masas populares vascas, sino que son un apéndice dilatado de los poderes oligárquicos (ya sea de una o de otra de los objetivos de la oligarquía).

La España monárquica y fascista es la cuna del nacionalismo más reaccionario y más opresor. Mantiene a las naciones oprimidas en un estado de agonía total, el ataque a los diferentes idiomas y culturas de las naciones oprimidas es una constante, su negativa completa a otorgarles el derecho a decidir, su prepotencia imperial es una total provocación para las naciones del Estado español. Es por ello por lo que la consigna por el derecho de autodeterminación debe ser parte principal de las organizaciones comunistas de todo el Estado español, y parte principal y primordial en la tarea de la reconstitución del partido del proletariado revolucionario. Y en este aspecto, creemos honradamente que hay mucho trabajo que hacer, que hay organizaciones “comunistas” en el Estado español que pecan continuamente de nacionalismo español, como se ha podido apreciar muy bien en el escenario que se ha dado sobre el 9N donde muchas organizaciones “comunistas” enmarcadas en el Estado español han tomado la postura que tanto criticó Lenin, es decir, por temor a hacer el juego al nacionalismo burgués de las naciones oprimidas se beneficia no sólo al nacionalismo burgués, sino también al nacionalismo ultrarreaccionario de la nación opresora.

Esto es, que por miedo a que la burguesía catalana “engañara” al pueblo catalán, se ha optado por ponerse del lado del nacionalismo más reaccionario, el español, “engañando” al pueblo catalán desde las posturas más nacionalista-reaccionarias españolas. El pueblo catalán tiene total derecho a la autodeterminación, a decidir su futuro como nación, a separarse o a no separarse del Estado español; aunque ésta sea una “separación burguesa”, negando dicho derecho solo se hace el juego al nacionalismo español más reaccionario, al nacionalismo fascista español y a toda su historia. Además, hay que tener presente que ese derecho solo le compete resolverlo a la nación catalana y que el proletariado exige una democracia obrera que excluya que una nación sea mantenida a la fuerza en el marco de un Estado.

Así pues, nuestra condena más rotunda hacía todas estas actitudes titubeantes y nacionalista-reaccionarias de las organizaciones “comunistas” del Estado español respecto al derecho a decidir de la nación catalana, a las vacilaciones concretas de los “marxistas” y de los que se hacen llamar marxistas. A su total actitud cómplice con el nacionalismo reaccionario español.

Por otro lado, pero continuando con el mismo asunto, hace poquito se ha podido leer una nueva cita de Argala, que presuntamente se atribuye a la V Asamblea, en las redes sociales, cita que dice así:

“El proletariado no puede silenciar el problema, particularmente desgraciable para la burguesía imperialista, relativo a las fronteras de un Estado basado en la opresión nacional. El proletariado no puede dejar de luchar contra el mantenimiento por la fuerza de las naciones oprimidas dentro de las fronteras de un Estado determinado, y eso equivale justamente a luchar por el derecho de autodeterminación. Debe exigir la libertad de separación política de las naciones que su nación oprime. En caso contrario, el internacionalismo del proletariado sería vacío y de palabra; ni la confianza, ni la solidaridad de clase entre los obreros de la nación oprimida y la opresora serían posibles; quedaría sin desenmascarar la hipocresía de los defensores reformistas y españolistas de la autodeterminación, quienes nada dicen de las naciones que su propia nación oprime y retiene por la fuerza en su propio Estado”.

Hacemos nuestras todas estas palabras desde el principio hasta el final, pero sobre este caso debemos decir algo: no solo hay que criticar y luchar contra el nacionalismo reaccionario español, contra el nacionalismo más atroz de todos sin duda, sino también hay que luchar desde las mismas posiciones del internacionalismo proletario contra el nacionalismo pequeñoburgués vasco; tanto contra el nacionalismo ajeno como contra el nacionalismo propio.

En relación a todo esto, ya que ayuda muchísimo a nuestro posterior análisis y aclaración, traemos hasta aquí otras palabras conocidísimas de nuestro compañero Argala, en este caso para ponerlas en entredicho y darle una connotación diferente. Esta es la cita:

“No era el Estado dictatorial franquista con su acerbo centralismo e imperialismo español la única causa de la existencia de la opción independentista, sino también la incomprensión históricamente demostrada por los partidos obreros españoles frente a la cuestión vasca. La opción independentista era la expresión política de la afirmación nacional de los sectores populares con conciencia nacional que iban día a día ampliándose. El Pueblo Vasco ha tenido ocasión de comprobar a lo largo de la historia que una revolución socialista a nivel de Estado no es la solución automática de su opresión nacional; que los partidos obreros españoles están demasiado impregnados del nacionalismo burgués español. Por otra parte, el logro de la independencia exigía la derrota del Estado español por lo menos en Euskal Herria, es decir, una verdadera revolución política que sólo podía ser llevada a cabo por las capas populares bajo la dirección de la clase obrera, única capaz de asumir hoy en Euskal Herria con todas sus consecuencias, la dirección de un proceso de tal envergadura. Precisamente, este asumir la cuestión vasca por la clase obrera es lo que ha posibilitado el resurgimiento nacional de Euskal Herria. Mis posteriores relaciones, como representante de E.T.A., con representantes de diversos partidos obreros revolucionarios españoles, no sirvieron sino para confirmar esta visión. Dichos partidos no entendían la cuestión vasca sino como un problema, un problema molesto que conviene hacer desaparecer. Siempre me pareció ver que la unidad de “España” era para ellos tan sagrada como para la burguesía española. Jamás llegaban a entender que el carácter nacional que adoptaba la lucha de clases en Euskal Herria fuese un factor revolucionario; por el contrario, no era para ellos sino una nota discordante en el proceso revolucionario español que aspiraban orquestar.”

En este análisis, Argala hace referencia a las posiciones reformistas y revisionistas de las organizaciones “españolas”, suponemos que entre ellas se encontrará el PCE de Carrillo, partido revisionista por excelencia, y otras muchas que por aquella época estaban sumergidas en el más podrido revisionismo. Pues bien, como en ese caso los partidos “obreros” revisionistas y antimarxistas españoles no reconocían el derecho de autodeterminación de las naciones del Estado español y se encontraban impregnados de nacionalismo burgués español, la salida a esta actitud se encontró en el aislamiento nacional, es decir, se optó por el estancamiento nacional al considerar la actitud completamente “antidemocrática” y antimarxista de las organizaciones españolas. En lugar de luchar contra el revisionismo y el nacionalismo burgués español, la opción fue apartarse, arrinconarse. Lo sentimos, pero estamos en total desacuerdo con esta actitud, el deber histórico de los marxistas es luchar contra todo nacionalismo, contra todo revisionismo, luchar contra todas las teorías que le eran hostiles a la educación y organización de la clase de vanguardia de la sociedad capitalista, dotarle al marxismo de una consolidación actual y revolucionaria contra las teorías revisionistas existentes y no rehuir dichos problemas teórico-prácticas del revisionismo para acabar en el aislamiento nacional. La lucha contra los revisionistas es la esencia de la lucha de clases en el plano ideológico para reavivar de manera fecunda y productiva el pensamiento teórico del socialismo científico internacional.

Si en ese momento, en la época de la Transición, la vanguardia teórica-práctica se concentraba en Euskal Herria, se daba entre los militantes vascos y vascas mayoritariamente, siendo Argala uno de sus destacados militantes marxistas, su deber histórico era luchar contra el revisionismo en todos los rincones del Estado, luchar contra el nacionalismo reaccionario burgués español y el nacionalismo burgués vasco; ese era su deber y no el de desplazarse hacia su nación oprimida y abrazar el aislamiento nacional y el nacionalismo vasco, como si este fuera el antagonismo del nacionalismo reaccionario burgués español, siendo este un error mayúsculo a nuestro entender. El antagonismo del nacionalismo reaccionario burgués español es el internacionalismo proletario y no su equivalente nacionalismo vasco.

Además, en este análisis aparece el germen de la “revolución socialista vasca”. Argala lo plantea de esta manera: “(…) el logro de la independencia exigía la derrota del Estado español por lo menos en Euskal Herria, es decir, una verdadera revolución política que sólo podía ser llevada a cabo por las capas populares bajo la dirección de la clase obrera (…)” . La concepción materialista del mundo y de nuestra realidad más próxima nos conduce a la conclusión de que la derrota del Estado español no puede darse “por lo menos” en Euskal Herria, ese “por lo menos” no hace más que negar la concepción materialista de la historia, responde a un análisis idealista, el cual se fundamenta en una construcción idealista pretendiendo transformar la realidad partiendo de la conciencia, y negando el ser y la realidad material; así pues, nos encontramos ante una política de los deseos, de las pasiones y los antojos, es decir, ante el subjetivismo militante. La completa liberación social y nacional, tanto para Euskal Herria como para las diferentes naciones, se alcanzará en el momento en el que se dé “por completa” la derrota de los Estados español y francés, la demolición del poder burgués y la posterior instauración de la dictadura revolucionaria del proletariado.

No por el mero hecho de amar la patria, de querer por encima de todo la independencia de Euskal Herria y de luchar con todas las fuerzas por ese “sueño” quiere decir que se llegarán a conquistar esos objetivos ilusorios. El marxismo nos enseña y demuestra que negar la objetividad de las leyes de la historia y despojar al desarrollo de las sociedades de su esencia materialista implica inevitablemente la aplicación del subjetivismo militante, que radica en la exaltación de la voluntad y de las aspiraciones idealistas del ser humano dejando de lado el estudio y la concepción materialista de la sociedad.

Los y las leninistas vascas decimos que mientras subsista el orden establecido del Estado español, mientras el poder de la oligarquía domine el Estado, mientras la revolución socialista no se imponga, no se podrá concebir una Euskal Herria independiente. Es por ello por lo que el “por lo menos” de Argala no tiene ningún fundamento materialista. De esta forma, ETA concluyó en su V asamblea con la teoría del marco de actuación. Dicha teoría primaba la organización a nivel nacional ante la organización a nivel estatal, considerando a Euskal Herria un marco autónomo de la lucha de clases. Nosotros no estamos en desacuerdo con que Euskal Herria sea un marco autónomo, de hecho creemos que lo es, a lo que nos oponemos es a justificar el aislacionismo nacional mediante esa teoría. Y es que para el MLNV, más que un marco autónomo, Euskal Herria resultaba ser un marco independiente, lo que les llevaba a organizarse de forma totalmente ajena a la lucha de clases en los Estados. Por el contrario, nosotros creemos que debemos golpear al enemigo de clase mediante la unidad internacional de clase, más allá de las barreras nacionales que embaucan a la clase obrera en la dispersión de su capacidad revolucionaria, ya que el marco autónomo de la lucha de clases en Euskal Herria está forzosamente unido a la lucha de clases estatal e internacional. No obstante, en la medida que reconocemos el marco autónomo de lucha de clases, sugerimos la necesidad de federación en las estructuras de los futuros PC de los Estados español y francés, para darle un tratamiento correcto a la cuestión nacional sin negar la unidad internacional de la clase.

De la misma forma, Argala identifica a la clase obrera como clase nacional. Nada más lejos de la realidad. El proletariado es una clase internacional, una clase que mira más allá de las barreras nacionales y que tiene como objetivo un mundo sin naciones. El proletariado revolucionario tiene como objetivo el comunismo, y para ello es necesaria la asimilación multilateral de las naciones, siempre en pie de igualdad.

Es por todo ello, y por mucho más, por lo que los y las marxistas-leninistas de Euskal Herria debemos aportar con nuestra contribución e implicación continua en la reconstitución del Partido de la revolución del proletariado, de la unión orgánica del proletariado; sin apartarnos de esa tarea, sin caer en el aislamiento nacional por muchos y constantes obstáculos se presenten, ahora mismo nuestra lucha está centrada en anular toda desviación de la ideología burguesa en el movimiento obrero y en la reconstitución del partido de la revolución, donde la cuestión nacional debe ser un asunto fuera de cualquier desviación derechista y/o nacionalista vasca (así como izquierdista y/o españolista).

Somos conscientes de que en la situación de penuria y de completa confusión en la que se encuentra el Movimiento Comunista de Euskal Herria, nos lloverán críticas absurdas, nos llamarán “españolistas”, nos insultarán, nos difamarán, nos apartarán, nos señalarán, pero tanto somos conscientes de esto como de que sin la lucha tenaz y sincera contra toda desviación nacionalista, tanto vasca como española, no podremos jamás alzar la bandera del internacionalismo proletario y de la bandera roja en lo más alto del mástil del Poder proletario.

“Nada nos duele tanto como ver y sentir las violencias, la opresión y el escarnio a que los verdugos fascistas, los oligarcas y los capitalistas someten a nuestra hermosa patria. Nos invade el sentimiento de orgullo nacional porque la nación vasca ha creado también una clase revolucionaria, ha demostrado también que es capaz de dar a la humanidad ejemplos formidables de lucha por la libertad y por el socialismo. Y nosotros, trabajadores vascos y vascas, impregnados del sentimiento de orgullo nacional, queremos a toda costa una Euskal Herria libre e independiente, democrática y socialista, republicana, orgullosa, que base sus relaciones con los vecinos en el principio humano de la igualdad. Precisamente porque la queremos así, decimos: en la Europa del siglo XXI no se puede “defender la patria” de otro modo que luchando por todos los medios revolucionarios contra los capitalistas y los terratenientes de la propia patria, es decir, contra los peores enemigos de nuestra patria; los vascos no podemos “defender la patria” de otro modo que deseando, en cualquier guerra, la derrota del capitalismo”.

Frente al aislamiento nacional, unidad proletaria

Volviendo otra vez a la problemática de la independencia política de la nación vasca en particular y a la cuestión nacional de manera general, se nos plantean varias preguntas que lanzamos y que debemos dar respuesta.

¿Es posible acabar con la “unidad española” que predica y defiende a ultranza la oligarquía financiera española desde el “aislamiento nacional”? ¿Es posible que un movimiento independentista vasco logre a base de movilizaciones y de lucha cambiar ese carácter burgués y reaccionario del Estado español desde el “aislamiento nacional”? ¿Somos conscientes de lo que implica cambiar el carácter fascista del Estado reaccionario español? ¿Es posible lograr la independencia política luchando contra el Estado reaccionario, burgués y fascista sin cambiar su naturaleza de clase y su carácter reaccionario y fascista? No, no es posible acabar con el poder oligárquico mediante el único y parcial esfuerzo y lucha del pueblo trabajador vasco. Tampoco es posible alcanzar la independencia política sin un cambio en la correlación de fuerzas del Estado reaccionario español. Ni es posible acabar con la “unidad de España” sin acabar con el poder de la oligarquía financiera. Todo problema nacional en un Estado opresor en la etapa imperialista de maduración “es una parte de la cuestión general de la revolución proletaria, una parte de la cuestión de la dictadura del proletariado”. No hay otra opción material y real que propulsar y activar con todas nuestras fuerzas la completa unidad del proletariado, de las capas populares y de las reivindicaciones democráticas del conjunto del Estado español para acabar, de una vez por todas, con el Estado reaccionario y su poder oligárquico. Es un completo error pensar que en la fase capitalista en la que nos encontramos el proletariado no puede defender a ultranza las reivindicaciones democráticas de los pueblos oprimidos subordinándolas a su lucha general y revolucionaria por el derrocamiento de la burguesía.

El derrumbamiento del Estado burgués y la victoria de la revolución proletaria es el triunfo de las reivindicaciones democráticas de los pueblos oprimidos por el Estado opresor caduco.

Sin la destrucción del Estado reaccionario y la construcción de un Estado-comuna democrático y popular es imposible conseguir los objetivos nacionales de los pueblos oprimidos del Estado, que niega la total ejecución tanto del derecho de autodeterminación como de cualquier reivindicación democrática de los pueblos, delimitada por la principal contradicción del poder oligárquico y de las burguesías nacionales que con ella se entremezclan y que sus intereses de clase hegemónica defienden.

Se dice que “la ingenuidad nos absuelve de equivocarnos”, pero no creemos que a estas alturas haya nadie tan ingenuo o ingenua que sueñe con la destrucción del Estado burgués mediante una lucha parcial desde un rincón del Estado, el MLNV lo ha intentado durante largas décadas y a pesar de lograr grandes pasos e imprescindibles victorias, no ha sido capaz, en última instancia, de arrancar la independencia política al Estado español. En cualquier caso, el MLNV era consciente de su incapacidad desde el momento en el que planteaba su estrategia en base a forzar la negociación con el Estado, ya desde la Alternativa KAS. Es por ello por lo que desde el “aislamiento nacional” no se podrá lograr jamás los objetivos propuestos, es por ello por lo que la victoria de la “revolución socialista vasca” tiende a tropezar una y otra vez. La superación del Estado burgués español no puede darse fuera de los límites de la revolución socialista que está organizada y llevada a cabo por el proletariado de todo el Estado.

La revolución socialista vasca es parte integral de la revolución socialista, que la primera no puede entenderse sin la segunda y que para que la segunda triunfe la primera debe llevarse a cabo desde la total unidad con la segunda. La unidad del proletariado y del conjunto de las clases populares es una condición indispensable para que se dé la destrucción del Estado burgués y la construcción de la República Obrera y Popular, cimentada está en la dictadura del proletariado y en la total libertad de las naciones del Estado a decidir libremente su futuro.

A resumidas cuentas, el Estado español, como Estado plurinacional, rompe los moldes del Estado-nación burgués convencional; la dominación de la burguesía no viene de una nación en concreto, sino que es una opresión internacional de una clase sobre otra usando un único órgano de dominación (Estado). En Euskal Herria conocemos bien que los mayores defensores de la opresión nacional y de clase del proletariado vasco no son los obreros venidos de Burgos, sino la cuadrilla de Neguri, familias de apellidos vascos y fieles garantes de su única patria: el capital. Lo mismo que en Euskal Herria sucede en Galiza, los Països Catalans y el resto del territorio del Estado español. A consecuencia, la única solución válida para liberar a nuestra patria de las cadenas del imperialismo es dar sepultura a los Estado español y francés, baluartes de la clase dominante. Para ello, es imprescindible la unión internacional del proletariado en el marco del Estado, que es a su vez la justa concepción del internacionalismo proletario en el marco de dominación vigente en el Estado español. No nos cansaremos de repetir esto una y mil veces, pues solo de esta forma lograremos liberar del yugo opresor a nuestra patria, materializar el desarrollo nacional de Euskal Herria, y avanzar titánicamente por la senda de la unión fraternal del proletariado, más allá de las barreras nacionales, enarbolando la bandera roja hacia el comunismo.

GORA EUSKAL HERRIA ASKATUTA!

GORA EUSKAL HERRIA KOMUNISTA!

¡VIVA EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO!

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