Hauteskundeak - Elecciones

Comunicado de KIMETZ frente a las inminentes elecciones burguesas.

urna1-282x300Un año más los tambores que vaticinan la llegada de las elecciones vuelven a sonar. Los diferentes partidos políticos vuelven a ponerse, una vez más, en pie de guerra, quedando supeditados a sus respectivas campañas y propagandas electorales. La dicotomía que acompaña a los entremeses electorales no ha cambiado ni un ápice. Todos, desde los partidos que velan por los intereses y la explotación del imperialismo español hasta los representantes de la pequeña-burguesía y la aristocracia obrera, nos prometen el tan ansiado cambio político y económico que tanto convendría a la clase obrera. Es el mismo guion de siempre. El parlamentarismo es, como no podía ser de otra manera, la piedra angular para todos los Partidos políticos burgueses, a pesar de que los resultados que se obtienen mediante dicha práctica manifiestan tajantemente que quedan completamente repudiadas en cada acto electoral por los amplios sectores populares. Tan cierto como esto último es que el mero hecho de repudiarlas no conlleva al triunfo político por parte del proletariado, ni tan siquiera a trasladar la intranquilidad a la clase dominante, la abstención es parte activa en las elecciones desde años, pero con ello no basta. Lo que si traslada todo esto es que el parlamentarismo se ha convertido en una vía muerta para el proletariado, o como mínimo, en un procedimiento menos transcendente y vital que para los idearios burgueses, como lo demuestran los principios fundamentales del comunismo. Por todo ello, los comunistas rechazamos completamente el parlamentarismo (ideología burguesa que dona todo el poder al parlamento), pero no el trabajo parlamentarista, utilizándolo no como principio absoluto o dogma, sino como tendencia de un momento concreto.

Por una parte, la era del dominio del capital financiero, acarrea la concentración de Capital en pocas manos, acentuando las tendencias militaristas y ultrarreaccionarias del Estado monopolista español. El militarismo español, subordinado a los intereses de los imperialistas norteamericanos y británicos, responde a la necesidad de los mismos oligopolios estatales de aumentar la explotación dentro de sus respectivas fronteras nacionales (implantación de la jornada laboral de 10 horas y decrecimiento de la tasa salarial), así como la agudización del expolio de los países periféricos en aras de los imperialistas que necesitan reproducir plusvalía a costa de la sobreexplotación de la clase obrera de las colonias. En cuanto a la situación de la clase obrera de los centros imperialistas, la reacción y el aumento de la represión representan el abandono de los principios democráticos burgueses contra el aplastamiento del movimiento obrero ascendente. Es decir, la necesidad de asegurar la fluidez de la tasa de acumulación y las dificultades a la hora de valorizar el Capital debido a la caída tendencial de la tasa de ganancia suponen, como hemos dicho, por una parte ampliar, más aún, la jornada laboral y por otra amplificar la explotación de los trabajadores. De ahí que las contradicciones capitalistas encuentren su punto de ebullición cuando más desarrollado se encuentra el mismo capitalismo. Teniendo en cuenta la vital importancia que tiene la reproducción de la acumulación de Capital y las dificultades que encuentra la burguesía en torno a la valorización del mismo, los capitalistas NO están dispuestos a hacer ninguna concesión relevante a la clase obrera, de ahí que la democratización de las instituciones resulte pura apología del utopismo más aberrante. Lo que significa que la burguesía monopolista no puede, a día de hoy, conceder reformas, ni cambiar su propia dinámica (y menos a través de peticiones a través del parlamento) por lo ya explicado.

Que el capitalismo se encuentre en su fase superior no conlleva obligatoriamente la renuncia por parte de los y las comunistas al uso de las instituciones parlamentarias. Del estudio del materialismo histórico se emana que cuando las condiciones subjetivas, es decir, cuando los aspectos relacionados con el nivel de conciencia política y de organización de las masas y con la disposición de éstas para la lucha política se traducen en debilidades, en formas muy embrionarias de lucha espontánea y margen legal de actuación, es en ese momento cuando el referente revolucionario de la clase obrera podría (y decimos podría, ya que deberían cumplirse unas condiciones más concretas para ello) aprovechar el Parlamento reaccionario de cara a dirigir su propaganda a los elementos más conscientes de la clase trabajadora, teniendo como objetivo el desenmascaramiento del parlamento como un burdo y limitado instrumento de la burguesía. Si el Parlamento solo se limita a dirigir la propaganda hacia sectores obreros con conciencia de clase-en-sí, el uso de este para fines desclasados es completamente inútil, es decir, las grandes masas proletarias no van a adquirir conciencia revolucionaria, mediante la propaganda y agitación dentro del parlamento, ya que las promesas son insuficientes cuando de lo que se trata es de ganarlas para el proceso de la revolución socialista. Lo que significa que el parlamento no puede servir como medio de acumular fuerzas de cara a organizar la revolución socialista. Y hay que añadir (e insistir), además, que la propia táctica electoralista es extremadamente inútil cuando la clase obrera carece de un dirigente verdaderamente revolucionario y de vanguardia, cuando no existe un Partido leninista de nuevo tipo capaz de constituirse como referente para elevar el nivel de conciencia política y organización de las masas, por llevarlas al combate contra la explotación y por el socialismo.

Y es en esas circunscommunist_party_of_india_maoisttancias en las que nos encontramos actualmente en el Estado español; desde la liquidación del PCE en 1956 (que venía de mucho antes) y su caída al eurocomunismo socialdemócrata, la inexistencia de un Partido verdaderamente de comunista y revolucionario (valga la redundancia) se ha convertido en realidad. No solo es real la inexistencia de tal Partido, sino también las limitaciones históricas que aún siguen arrastrando las diferentes organizaciones revisionistas. Tales limitaciones, el dominio del revisionismo sobre el marxismo y la ausencia del Partido Comunista son evidentes razones que hacen superfluos y disparatados los intentos de presentarse a las elecciones estatales, autonómicas y municipales. Si nos centramos en la secuencia de elecciones que se han convocado para este tramo final de año, podemos apreciar la novedad en la participación de las “candidaturas de unidad popular”, candidaturas que han ido gestándose aparentemente por el descontento popular, pero que no acaban (ni, se podría decir, empiezan) de profundizar en la ruptura con el Régimen del 78 y con la dictadura del capital monopolista español, siendo por el momento protectores fieles de la legitimidad del Estado burgués. Con esto queremos expresar, que si hoy por hoy estas “candidaturas por la unidad popular” no poseen ni tan siquiera un mínimo deseable para poder ser respaldadas, es debido a la configuración de la correlación de fuerzas vigente. Aunque tuviesen la suficiente fuerza para ganar las elecciones y hacer reformas desde el gobierno, estas reformas no estarían orientadas sino al perfeccionamiento del aparato estatal burgués, consiguiendo ampliar el grado de consenso social entorno a la dominación burguesa y mejorando la extracción de plusvalía, especialmente en la periferia. La famosa ruptura del Régimen del 78 que propugna Podemos no es sino el intento de plasmar lo mencionado en la línea previa, el perfeccionamiento de la dominación burguesa sobre el proletariado, tanto a nivel local como internacional mediante la práctica imperialista. Ahora bien, es cierto que partidos como EH Bildu, Podemos o IU representan a sectores sociales diferentes al del PP, PSOE, PNV o VOX; mientras que unos representan los intereses de la burguesía monopolista más abiertamente reaccionaria (o burguesía no monopolista en el caso del PNV), los otros representan los de la pequeña burguesía y aristocracia obrera. No obstante, tanto la aristocracia obrera como la pequeña burguesía necesitan del crecimiento económico del monopolismo para formar parte del reparto del pastel de la explotación y el expolio de la periferia, por lo que conjugan perfectamente con los intereses y necesidades de la burguesía en general, ya que forman parte de sus entrañas (en el caso de la aristocracia obrera, si bien materialmente es una facción proletaria, su situación privilegiada con respecto del resto de la clase les lleva a tener intereses comunes con la burguesía contra el proletariado revolucionario). Por ello, la única salida posible para el proletariado es la revolución social que le conduzca a la toma de poder. Pero tengamos claro que ni las reformas, ni el sometimiento de nuestra independencia como clase a intereses ajenos al proletariado nos llevará a nada más que a consumar una derrota más ante el enemigo. Lo que, en cambio, si acercará al proletariado hacia la victoria es la rotunda clarividencia de trabajar por la reconstitución del Partido Comunista, como reflejo de que para una guerra social, política e ideología contra la burguesía urge una maquinaria impecablemente revolucionaria por parte del proletariado.

Ante esta dramática situación, las tareas primordiales de los y las comunistas del Estado español adoptan un carácter interno, es decir, la necesidad de reconstituir la cosmovisión marxista en base a superar las limitaciones del pasado, añadir nuevas cuestiones teórico prácticas y poder reconstituir posteriormente, el cuerpo político del marxismo, el Partido Comunista.

¡¡¡LA BURGUESIA SEDUCIENDO CON EL PARLAMENTARISMO,

EL PROLETARIADO ORGANIZANDO LA REVOLUCIÓN!!!

В. Холуев. Солдаты революции

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